Incendio en el Centro de Control del STC Metro

Incendio en el Centro de Control del STC Metro


Por Andrés García e Isaac Nava

El incendio presentado en una de las subestaciones del Centro de Control del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro de la Ciudad de México es un caso que muestra la importancia de la preparación para enfrentar una crisis y asegurar la recuperación de operaciones. A continuación, hacemos un breve análisis de los principales aspectos que muestran la relevancia que tienen las herramientas fundamentales de preparación y respuesta a incidentes tales como el análisis de riesgos, y los planes de manejo de crisis y de continuidad de negocios.

Contexto

El sábado 9 de enero, una de las subestaciones eléctricas del Centro de Control del STC Metro se incendió por la mañana. Los equipos de atención a emergencias tardaron casi 11 horas en sofocar el incendio, enfriar la estructura del edificio y rescatar a los empleados que estaban en las instalaciones. Inicialmente, el incidente resultó en la muerte de una oficial de policía, los daños materiales al inmueble y al menos 30 empleados que fueron atendidos por intoxicación. 

El incendio, sin embargo, ha dejado un impacto severo en las operaciones del transporte público de la Ciudad de México. Debido a los daños a la infraestructura eléctrica, 6 de las 12 líneas del STC Metro fueron suspendidas hasta nuevo aviso. Durante la emergencia, se tuvo que recurrir al sistema de transporte terrestre, como patrullas y autobuses, para movilizar a los usuarios a lo largo de todas las rutas que recorre originalmente el STC Metro. A consecuencia de esto, la Jefa de Gobierno de la CDMX anunció un plan para que, a partir del lunes 11, todos los recursos del sistema de movilidad integrada de la CDMX fueran utilizados para reemplazar temporalmente las líneas del Metro afectadas.

El sistema de transporte de la CDMX es considerado una infraestructura estratégica para la ciudad. El Metro, uno de sus componentes más importantes, brinda servicios que al interrumpirse pueden colapsar el funcionamiento cotidiano de la ciudad y sus habitantes. Como tal, no debe olvidarse que toda infraestructura crítica de una ciudad requiere de medidas de protección y mitigación robustas para minimizar el impacto de un incidente y asegurar una recuperación rápida, lo cual se logra con la evaluación sistemática de riesgos e implementación eficaz de planes de manejo de crisis y continuidad del negocio

Análisis

Preparación y mitigación de riesgos 

Toda gestión de crisis debe seguir un ciclo de preparación y respuesta para que la recuperación se logre en el menor tiempo posible. A la fecha, el STC Metro no ha determinado cuándo será viable reestablecer el servicio y por tanto lograr una recuperación plena de sus operaciones. La respuesta posterior al incidente fue relativamente rápida en términos de apagar el incendio y rescatar a las personas atrapadas dentro del Centro de Control. Sin embargo, todo parece indicar que no existía un proceso sistematizado de preparación y respuesta adecuado para un escenario tan grave como el presentado. 

Incluso, al momento de redacción de este texto, no hay claridad respecto al tiempo de reapertura del servicio, aunque el gobierno de la CDMX ha realizado pronunciamientos argumentando que tendrán una recuperación total de las líneas afectadas a finales de enero, esto contrasta con lo mencionado por el dirigente del sindicato de trabajadores del Metro señalando que las líneas 1, 2 y 3 podrían tardar hasta cinco meses en volver a operar con normalidad. La implementación de medidas oportunas y eficaces de mitigación, como el reemplazo de equipos obsoletos y la ejecución de un programa efectivo de mantenimiento, podrían haber ayudado en disminuir los tiempos y generar una ventana de recuperación predecible.

La situación dejaría entrever que las entidades del gobierno de la Ciudad de México no cuentan con un plan robusto para prevenir y/o mitigar eventos potenciales de riesgo y las afectaciones a uno de sus activos de transporte más importantes: la red eléctrica que alimenta al STC Metro. Al considerarse un activo crítico, una preparación adecuada implicaría tener sistemas redundantes y de respaldo para la alimentación de energía, provisión de transporte de emergencia y sistemas de información/control de las unidades funcionando en óptimas condiciones. En concreto, sabiendo de antemano que una falla de energía podría afectar a más la mitad de las líneas de unos de los transportes más importantes de la Ciudad, se debieron tomar medidas pertinentes con antelación para reducir el impacto de la afectación. Para esto, un buen punto de partida sería considerar lo establecido en los estándares internacionales para determinar recursos de recuperación de proceso críticos, tiempos objetivo de recuperación (RTO por sus siglas en inglés)  e implementación de estrategias para lograr dichos objetivos, tal como se describe en la Ilustración 1.

Ilustración 1. Proceso de identificación de activos críticos


Es una realidad que nunca será posible eliminar todos los riesgos por completo, pero la adecuada identificación y tratamiento de los más probables puede disminuir el impacto de un evento disruptivo en las operaciones. En el caso del Metro de la CDMX, parece que existen muchas áreas de mejora en este ámbito. Una evaluación sistemática de amenazas y planes de tratamiento de riesgo debería identificar posibles afectaciones a gran escala y con ello se habría facilitado el proceso de recuperación de cada ruta. 

Manejo de crisis

Una crisis puede presentarse en múltiples formas y con magnitudes diversas de afectación. Es imposible pensar que pueden preparase planes para todo tipo de crisis, pero al menos los que existen deben ser del conocimiento de todo el personal involucrado y ejecutarse acorde a los programas robustos de evaluación, entrenamiento, reacción y recuperación establecidos en etapas previas al incidente. 

El gobierno de la Ciudad de México parece tener este aspecto en un nivel básico de desarrollo. La respuesta a emergencia inicial (el incendio) fue llevada a cabo por profesionales de atención de emergencias (protección civil y bomberos) que cuentan con entrenamiento exhaustivo. Sin embargo, el personal del sistema de transporte de la Ciudad no necesariamente estaba preparado para atender la evolución del incidente hasta convertirse en crisis y por tanto reaccionar acorde a protocolos robustos para lograr la recuperación de las operaciones. Los planes de transporte alternativo fueron concebidos de manera relativamente rápida, pero con desorganización en términos de comunicación a la ciudadanía y sin estructura metodológica de respuesta. En términos coloquiales, muchas organizaciones abordan la gestión de crisis después que “el niño se ahogó en el pozo” y no desde antes.

Durante la conferencia de prensa brindada por las autoridades tras el incidente, se reiteró que la red eléctrica del STC Metro data de los años setenta, e inclusive en múltiples ocasiones el sindicato de trabajadores del Metro ha reportado que el mantenimiento a los trenes e infraestructura del STC es insuficiente. El gobierno de la CDMX inició en 2019 un plan para renovar y mejorar el sistema electromagnético y la Central de Control, pero ¿hasta qué punto se incluyeron estimaciones de riesgos potenciales de esta índole y la magnitud de afectaciones a las operaciones? Y aunque esto se hubiera incluido, surge una pregunta mayor, ¿el hecho de contar con un plan garantiza la recuperación ante la ocurrencia de estos riesgos altos?

Continuidad de negocios

La respuesta a la emergencia a través de la ejecución de planes de protección civil es un proceso importante, pero representa solo uno de los varios elementos que comprende el ciclo de gestión de crisis (ver Ilustración 2), y sobre todo cuando las afectaciones ocasionadas serán por tiempos muy prolongados. Dentro de la fase de Preparación, debe realizarse también una evaluación que permita identificar las vulnerabilidades y afectaciones a los activos críticos de una organización, como personas, procesos, información/sistemas tecnológicos, instalaciones físicas, entre otros. Adicionalmente, otros elementos clave dentro de las fases de Respuesta y Recuperación, consisten en el desarrollo e implementación de planes de crisis y continuidad con protocolos bien estructurados que permitan que las operaciones criticas puedan mantenerse, minimizando las afectaciones a las partes interesadas como clientes, empleados, proveedores, etc.

Ilustración 2. Ciclo de gestión de crisis

Durante el incendio del Centro de Control del STC Metro, los sistemas tecnológicos colapsaron y millones de personas y usuarios se vieron afectados. Esto sin mencionar la cantidad de afectaciones indirectas y pérdidas económicas ocasionadas por el retraso en el desplazamiento de la gente hacia sus centros de trabajo. Según información del gobierno de la CDMX, entre enero y marzo de 2020, las líneas 1 a 6 tuvieron una afluencia de más de 200 millones de personas (54% de los traslados de toda la red de transporte). Dadas las condiciones de la pandemia COVID-19, la afluencia ha disminuido pero algunas estimaciones indican que el sábado 09 de enero (día de incendio) al menos 30 mil personas requirieron de movilización en patrullas, camiones y otros transportes improvisados para llegar a su destino dada la afectación al Metro, una cifra nada desestimable. 

Con este evento quedó en evidencia que quizá el gobierno de la Ciudad de México no cuenta con una estrategia de recuperación implementada que sea eficaz para suministrar energía eléctrica a las líneas del STC Metro y no contaba con un plan preexistente para mantener los recorridos de los vagones de manera temporal o reducida, pero sin detener totalmente las operaciones. Además, se sabe que múltiples documentos vitales para la operación del STC Metro (y ahora para ayudar en las investigaciones de las causas) se encuentran dentro del inmueble afectado y no se pueden recuperar hasta que se permita nuevamente el acceso, demorando aún más la continuidad de las operaciones.

Consideraciones finales

El gobierno de la CDMX se encuentra ante una situación crítica que requerirá múltiples recursos y esfuerzos prolongados para recuperar un activo muy importante para el sistema de transporte de la ciudad. 

Además, la crisis sanitaria de COVID-19 ha funcionado como un “arma de doble filo”. Por un lado, las estimaciones muestran que el número de personas a movilizar en el STC Metro es mucho menor que en condiciones “normales”. Pero si el evento se hubiera presentado en dichas condiciones, es posible que aún con recursos adicionales habría sido muy difícil atender la alta demanda de usuarios. Y, por otro lado, la acumulación de personas que buscan transporte alternativo está generando problemas para mantener sana distancia y las aglomeraciones podrían ocasionar una ola de contagios adicionales. De ser el caso, el sistema de salud, que ya se encuentra saturado, tendría aún más problemas para atender a la población, entorpeciendo los esfuerzos realizados hasta ahora para contener la pandemia.

¿Cuáles son las áreas de oportunidad?

  • Planes de mantenimiento insuficientes. El gobierno de la CDMX ha aclarado que contaban con un plan de mantenimiento para la red eléctrica y los trenes. Todo indica que estos planes no se mantenían vigentes ni con implementación plena. No obstante, también debería haber planes de mantenimiento para procesos clave como el Centro de Control. Todos los planes deben de mantenerse en constante actualización para asegurar su vigencia.
  • Falta de objetivos claros de recuperación (RTO). Al no existir una planeación sistemática previa, el gobierno de la CDMX no contaba con objetivos predefinidos para sus tiempos de recuperación. Ello ha dificultado la medición y notificación del restablecimiento de servicio, llevando a mal entendidos como la diferencia de estimaciones entre el gobierno y el jefe del sindicato sobre el momento real en que las líneas serán restablecidas, en casos extremos se ha hablado de 5 meses.
  • Ineficiencia en procesos de control de tráfico. Dada la antigüedad del sistema, muchos de los procesos de control se tuvieron que realizar de forma manual utilizando radios y maquetas. La instalación de sistemas automatizados y electrónicos de respaldo podría permitir transferir la gestión a un centro de control alternativo. El gobierno de la CDMX anunció que ya se están modernizando dichos sistemas, pero la implementación se ha vuelto parte del plan de respuesta y no de la preparación.
  • Implementación de medidas y soluciones “rápidas”. La necesidad de recuperar los sistemas eléctricos ha obligado a la Comisión Federal de Electricidad y al Metro a reconstruir la subestación en tiempo récord. Aunque es un esfuerzo loable, la premura de la construcción implica que las pruebas correspondientes también se harán de manera acelerada. No hay certeza de que, al volver a energizar todas las líneas, se eviten picos de voltaje y potenciales daños a los equipos electrónicos y servidores de los centros de datos, agravando más el problema.
  • Falta de cultura de prevención. La revisión sistemática de amenazas y los planes de tratamiento de riesgos no forman parte de la operación de dependencias del gobierno, tanto a nivel local como federal. Asignar presupuesto a medidas precautorias para escenarios que parecen remotos parece no ser una prioridad del gobierno, lo cual es entendible al operar con presupuestos limitados. Sin embargo, la idea preconcebida de “nunca nos va a pasar” ha demostrado que en caso de que sí suceda puede implicar mayores erogaciones, sin mencionar los costos colaterales como la afectación de usuarios, los daños a reputación, y el desgaste de personal que debe atender la crisis.

Más allá de la restauración del servicio de este vital medio de transporte, ¿cuáles deberían ser los próximos pasos que deberá tomar el STC Metro?

  • Al igual que sucede en toda organización, es importante que las instalaciones, personal, procesos y otros activos de la compañía sean sometidos a una evaluación sistemática de amenazas e impactos
  • Tan importante como realizar el análisis para conocer las causas reales del incendio ocurrido, lo es el establecer un marco metodológico con acciones claras de preparación y planeación para mejorar considerablemente la respuesta y los tiempos de recuperación
  • Desarrollar planes de gestión de crisis y planes de continuidad de negocios eficaces 
  • De manera constante, realizar pruebas a los planes y tener al personal capacitado para responder adecuadamente, sin importar en qué momento del tiempo se presente la contingencia. Estas pruebas deben ser lo más apegadas a un escenario real de crisis, deben ir más allá de solo realizar ejercicios de evacuación de instalaciones

 

- A veces un buen plan no consiste en encontrar la mejor alternativa si no en encontrar una que funcione.

Will Graham